EN CADA SOMBRA

Lo hemos averiguado. Aquel día paseabas por las calles de Kabul, por esa ciudad fúnebre y sin atractivos, simulando tranquilidad y desapego ante el abismo de sus ruinas. Poco después te preguntaríamos por aquello. Afirmaste, “parecían de hojaldre; desecho del encono de las bombas”. Y añadirías, “las ventanas, traspasadas de cielo, fundían el aire y convertían las calles en hogares desmoronados”.

Hemos conocido ese paisaje. Algunos lo llamarían lunar, otros lo asemejamos a la imagen estereotipada de una catástrofe, de la destrucción. El Apocalipsis poseería una magnitud parecida, “como si la bicha hubiera desolado toda vida”.

Uno

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UNA FUGA SIN RETORNO

director orquesta_2La música cesó tras de la apoteosis, pero no pudiste oír los aplausos. Te diste la vuelta y desde tu balcón azul tampoco divisaste a nadie, tan sólo un océano negro de silencio. “¡Apaguen los focos, leche!” Y te comiste la batuta como si fuera un alfeñique.

Al momento, el concertino se levantó y te estrechó la mano. Llovieron flores. Las trompas y los cornos ingleses sonreían. Desde el palco te saludó el rey, cual si fuera montado en su rolls blindado y bostezara a la muchedumbre. Sin embargo, la reina palmeó con tal fruición que los guardianes de la …

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POR LOS CAMINOS DE LA DEMENCIA

Le arrojé el bote de isotónico, pero lamentablemente estaba vacío. Apenas le rocé la cabeza, un leve golpe, sin embargo el gesto fue suficiente para que iniciara una persecución que se desarrolló más allá de los montes de Santelo, por los valles de ese río que nunca lleva agua y que por tal razón, con gran sentido común y elocuencia, le llaman Seco, entre la región del Faciter, de donde era mi padre, y la menos conocida de Los Porletos. Carreteras estrechas, empinadas, reviradas, casi asfixiadas por el gres y la caliza, camufladas entre las gravas de las torrenteras, de …

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LAS MARGARITAS DE POLPOT

En la jungla,

Donde el tigre amamanta al cachorro

Una vereda de glóbulos serpentea

Entre el aullido del grillo

Y la fiebre de la amapola.

Mañana sonará mi hora:

La afilada simiente del bambú

Por desechos ruinosos de napalm.

Estragada la selva

Agotada la esencia de lo humano

Demoro mi estancia en esta jungla un instante más

El minuto absorto que media entre

La muerte del ayer

Y el aborto de la aurora.

Mañana será otra hora

Del azar parida entre pétalos grimosos

Alumbrada en la oquedad de un cielo cubierto de savias,

De las verdes salivas de mil demonios …

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DIMETIL-BENCENO

Rui Valdivia

Se quedó quieta, las manos frías, la cara encendida. Un leve temblor ascendió por sus piernas. Sus ojos, incapaces de enfrentar la mirada incrédula de su madre.

En el trabajo aún no sospechaban nada. Un par de indisposiciones pasajeras y algún leve mareo no hacían presagiar nada grave, aún cuando otra dependienta más antigua también hubiera sufrido síntomas similares: apenas coincidieron unos meses, pidió la baja y ya no regresó.

Diríase que Matilde trabajara con la primavera, trajinando en un microcosmos artificial de fragancias y de luz abierto a la calle. Entre este follaje se la ve deambular, …

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POR MAYO

Aurora subía por la calle Segovia, y al pasar entre dos coches aparcados algo la sobrevoló y se estrelló contra el adoquinado. Las carrocerías, su camisa blanca recién planchada, todo se manchó. Pero continuó como si nada fuera con ella, ensimismada y pensando en sus cosas.

Otra persona se habría asustado, y al momento, sentido un repentino alivio por haber salvado la vida por tan poco: apenas el tiempo justo para lanzar una limosna y sobrevivir al aplastamiento. Si no hubiera advertido al mendigo, pensó más tarde, Jesús habría conseguido su macabro propósito.

Le preguntaron demasiadas cosas, los escombros de …

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